MIS VECINOS ME EXIGIERON QUE DEJARA DE USAR MI TERRAZA PORQUE

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MIS VECINOS ME EXIGIERON QUE DEJARA DE USAR MI TERRAZA PORQUE
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Posted on 4 September, 2026 by diego

MIS VECINOS ME EXIGIERON QUE DEJARA DE USAR MI TERRAZA PORQUE DESDE AHÍ SE VEÍA SU NUEVO JACUZZI… PERO DEJARON DE HABLAR DE “PRIVACIDAD” CUANDO EL ADMINISTRADOR DEL CONDOMINIO SUBIÓ A MI CASA Y DESCUBRIÓ QUÉ HABÍAN INSTALADO JUNTO A MI MURO!
Me llamo **Paola**, tengo treinta y cinco años y vivo desde hace seis años en un pequeño condominio de **Cuernavaca, Morelos**.
Mi departamento tiene una terraza angosta.
Nada espectacular.
Una mesa, dos sillas, varias macetas y un rincón donde suelo trabajar por las mañanas.
Nunca tuve problemas con nadie.
Hasta que **Sergio y Vanessa**, los vecinos de la planta baja, remodelaron su patio.
Primero quitaron varios árboles.
Después apareció un jacuzzi grande junto al muro que divide nuestras propiedades.
Dos semanas más tarde comenzaron las peticiones.
—Paola, ¿vas a estar mucho tiempo arriba? —gritó Vanessa una mañana.
Me quité los audífonos.
—¿Por qué?
—Queremos usar el jacuzzi.
Esperé que explicara qué tenía que ver conmigo.
—Desde tu terraza se alcanza a ver.
—Entonces pongan algo para tener privacidad.
Su expresión cambió.
—Pensé que entre vecinos podíamos apoyarnos.
A partir de ahí empeoró.
Si yo regaba mis plantas, Vanessa cerraba la puerta de su patio con fuerza.
Si desayunaba afuera, Sergio levantaba la vista constantemente.
Una tarde incluso tocaron mi puerta.
Traían fotografías de una lona.
—Podemos instalar esto en tu terraza —dijo Sergio—. Nosotros pagamos la mitad.
—No quiero una lona.
Entonces Vanessa propuso que sábados y domingos evitara utilizar mi terraza entre once de la mañana y cuatro de la tarde.
Me reí porque pensé que bromeaba.
No lo hacía.
—Ustedes construyeron el jacuzzi hace dos meses. Mi terraza lleva aquí desde que compré el departamento.
Sergio cruzó los brazos.
—También tenemos derecho a sentirnos cómodos en nuestra propiedad.
—Exactamente. Igual que yo.
Al día siguiente Vanessa escribió en el chat del condominio que había “problemas de privacidad” con departamentos superiores.
No mencionó mi nombre.
No hacía falta.
Algunos vecinos sugirieron colocar un cerramiento alrededor de su patio.
Ella respondió que era demasiado caro.
Pensé que ahí terminaría todo.
Pero tres días después, al regresar del trabajo, encontré polvo blanco sobre mis macetas.
Luego pequeños fragmentos de concreto.
Miré hacia abajo.
Junto al muro había aparecido una estructura metálica que no estaba esa mañana.
Sergio me vio.
—Ya encontramos una solución.
Dos trabajadores estaban levantando postes altos.
No discutí.
Tomé fotografías y llamé al administrador.
Llegó esa misma tarde.
Subió primero a mi terraza.
Observó la estructura durante varios minutos.
Después pidió hablar con Sergio.
Yo esperaba una discusión sobre alturas o permisos.
Pero cuando bajamos al patio, el administrador se quedó mirando la base de uno de los postes.
—¿Quién perforó aquí?
Sergio señaló a los trabajadores.
—Yo lo autoricé. Está dentro de mi espacio.
El administrador se agachó.
Retiró con la mano un poco de polvo y apareció una tapa rectangular parcialmente cubierta por cemento fresco.
Su rostro cambió.
—Paren todo.
Vanessa salió de la casa.
—¿Ahora qué pasa?
Él no respondió inmediatamente.
Sacó el teléfono y llamó a alguien.
Después me pidió que no regresara todavía a mi departamento.
—¿Por qué?
Señaló el muro que sostenía mi terraza.
—Porque esto ya no es un problema de privacidad.
Sergio dejó de sonreír.
El administrador volvió a mirar la perforación y añadió:
—Necesito saber si tocaron solamente esta parte… o también la instalación que pasa por debajo.
Uno de los trabajadores bajó lentamente el taladro.
Y Vanessa miró a su esposo como si acabara de descubrir que él había hecho algo que jamás le contó.

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