LLEVABA MESES MOLESTA PORQUE EL ANCIANO DE AL LADO DEJABA QUE SUS ENORMES PLANTAS LLENARAN MI ENTRADA DE HOJAS SECAS. AYER ENTRÉ A RECLAMARLE PORQUE SU PERRO NO PARABA DE LLORAR.

LLEVABA MESES MOLESTA PORQUE EL ANCIANO DE AL LADO DEJABA QUE SUS ENORMES PLANTAS LLENARAN MI ENTRADA DE HOJAS SECAS. AYER ENTRÉ A RECLAMARLE PORQUE SU PERRO NO PARABA DE LLORAR.

LLEVABA MESES MOLESTA PORQUE EL ANCIANO DE AL LADO DEJABA QUE SUS ENORMES PLANTAS LLENARAN MI ENTRADA DE HOJAS SECAS. AYER ENTRÉ A RECLAMARLE PORQUE SU PERRO NO PARABA DE LLORAR.

Tengo 32 años y vivo en una casa pequeña con un porche delantero que me gusta mantener impecable. Al lado vive don Samuel, un señor de unos 70 años que vive completamente solo y que tiene el jardín delantero lleno de macetas, arbustos y plantas enormes que crecen sin control. Durante los últimos meses, yo estaba de un genio insoportable con él. Cada mañana, al salir a tomar el café, encontraba mi piso lleno de hojas secas, ramas y pétalos marchitos que caían desde su cerca. Limpiaba de mala gana, azotando la escoba para que él escuchara mi molestia, y más de una vez le grité desde el pasillo: “¡Don Samuel, por favor, pode sus plantas, que yo no tengo por qué estar barriendo la basura de su patio todos los días!”.

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