PARTE 2
Durante varios segundos, Daniel no dijo una sola palabra.
El ruido de las herramientas, los motores y las conversaciones del taller pareció desaparecer.
—Estás mintiendo —murmuró finalmente.
Michael lo miró con una mezcla de odio y compasión.
—Ojalá estuviera mintiendo.
Sacó el teléfono y abrió una fotografía del funeral.
En la imagen aparecía el retrato de Emily rodeado de flores blancas. Debajo, una pequeña placa mostraba su nombre completo y las fechas de nacimiento y muerte.
Daniel retrocedió.
—No… Emily estaba fuera del país.
—Eso fue lo que ella te dijo para preparar una sorpresa —respondió Michael—. Había regresado antes porque quería contarte personalmente que estabas a punto de convertirte en tío.
Las manos de Daniel comenzaron a temblar.
—¿Por qué nadie me avisó?
Michael soltó una risa amarga.
—Te llamé diecisiete veces.
Sacó el historial de llamadas.
—Claire también intentó decírtelo. Pero tú estabas demasiado ocupado acusándola de querer arruinar a tu amante.
Daniel tomó el teléfono con desesperación.
Allí estaban las llamadas perdidas.
Los mensajes sin abrir.
“Daniel, ocurrió algo con Emily.”
“Contesta, por favor.”
“Ven al hospital.”
“Necesitamos que identifiques el cuerpo.”
Daniel dejó caer el aparato.
—No puede ser.
Michael lo sujetó por el cuello de la chaqueta.
—No fuiste al hospital. No fuiste al funeral. Ni siquiera preguntaste el nombre de la víctima.
—Yo pensé…
—Sí. Pensaste que era la hermana de Claire. Y por eso no te importó.
Aquellas palabras parecieron golpearlo con más fuerza que cualquier puñetazo.
Daniel apartó a Michael y corrió hacia su oficina. Abrió su computadora, buscó los archivos del caso y encontró el informe que sus abogados le habían enviado días atrás.
No lo había leído.
En la primera página figuraba el nombre de la víctima:
Emily Rose Carter.
Daniel se desplomó frente al escritorio.
Recordó la urna que Bella había tirado al suelo.
Las cenizas esparcidas sobre la alfombra.
Y su propia voz diciendo:
“Guardar las cenizas de alguien muerto solo trae mala suerte.”
Un grito desgarrador salió de su garganta.
Bella, que se encontraba en una sesión de fotos en otra parte del edificio, corrió hacia él.
—¿Qué sucede?
Daniel levantó la cabeza.
La expresión de su rostro era tan aterradora que ella se detuvo.
—La mujer que atropellaste —dijo él—. ¿Sabías quién era?
Bella abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—Era Emily.
Durante un segundo, solo durante un segundo, su rostro mostró algo distinto al miedo.
Fue reconocimiento.
Daniel lo vio.
—Tú lo sabías.
—No, claro que no.
—¡Tú lo sabías!
La agarró de los brazos.
Bella comenzó a llorar.
—Me estás lastimando.
—¿Por qué nunca me mostraste el informe? ¿Por qué dijiste siempre “la hermana de Claire”? ¿Por qué te aseguraste de que yo no viera las cámaras?
—Porque estaba asustada.
Daniel la soltó y miró a Michael.
—¿Qué descubrieron en el video original?
Michael respondió la llamada que aún seguía entrando en su teléfono y activó el altavoz.
La voz del investigador llenó la oficina.
—Tenemos la grabación completa de una cámara privada situada frente al cruce. La conductora no confundió el acelerador con el freno.
Bella dejó de respirar.
El investigador continuó:
—El vehículo se detuvo antes del paso peatonal. La víctima se acercó a la ventanilla del conductor. Discutieron durante unos segundos. Después, el auto retrocedió, giró y aceleró directamente hacia ella.
Daniel miró a Bella como si estuviera contemplando a una desconocida.
—¿Discutieron?
Michael cerró los ojos.
—Emily había descubierto la relación entre ustedes.
La verdad comenzó a salir a la luz.
Una semana antes del accidente, Emily había visto a Daniel y Bella besándose en el estacionamiento privado del equipo.
Emily adoraba a su hermano, pero también me quería como a una hermana. Me había acompañado durante los años difíciles, cuando Daniel y yo apenas podíamos pagar el alquiler.
Por eso enfrentó a Bella.
Le exigió que se alejara de un hombre casado y le advirtió que me contaría todo después de hablar con Daniel.
Bella trató de convencerla de guardar silencio.
Emily se negó.
El día del accidente volvieron a encontrarse por casualidad.
Bella conducía uno de los autos de prueba del equipo sin autorización y sin licencia.
Emily la reconoció, se acercó a la ventanilla y le dijo que llamaría a la policía.
Según el video, Bella se alejó unos metros.
Podría haberse marchado.
Pero regresó.
Aceleró directamente contra Emily.
Después llamó a Daniel y le contó una historia cuidadosamente preparada.
Le dijo que una mujer se había lanzado frente al auto para extorsionarla.
Nunca mencionó su nombre.
Cuando escuchó que yo estaba presentando una denuncia, Bella hizo creer a Daniel que la víctima era una de mis hermanas.
Y Daniel no comprobó nada.
Porque para él, la vida de alguien de mi familia valía menos que la libertad de su amante.
—Fue un accidente —insistió Bella—. Yo entré en pánico.
—Retrocediste —dijo Daniel con la voz quebrada—. Y luego volviste hacia ella.
—No recuerdo lo que hice.
—También sabías que estaba embarazada.
Bella negó con la cabeza.
Michael golpeó la mesa.
—Emily te lo gritó antes de que aceleraras. Se escucha claramente en la grabación.
Daniel sintió náuseas.
Se apartó y vomitó junto a la pared.
Durante años había dicho que Emily era la persona más importante de su vida.
Sin embargo, cuando ella murió, ni siquiera se tomó cinco minutos para verificar su identidad.
Su amor por ella no había sido suficiente para vencer su arrogancia.
Bella intentó acercarse.
—Daniel, nuestro bebé…
Él la miró.
—¿Estás realmente embarazada?
Ella se llevó una mano al vientre.
—Por supuesto.
—Muéstrame los análisis.
Bella guardó silencio.
Su supuesto embarazo también era una mentira.
Había descargado una ecografía de internet para presionarlo a divorciarse de mí.
Daniel llamó a la policía.
Pero antes de que los agentes llegaran, Bella huyó por una puerta trasera.
No llegó lejos.
Fue detenida esa misma noche en un aeropuerto privado, cuando intentaba abandonar el país con dinero que Daniel le había transferido.
La noticia se filtró rápidamente.
Sin embargo, la caída pública de Daniel apenas comenzaba.
Yo había conservado todo.
Las grabaciones de las amenazas.
Los mensajes en los que me ofrecía dinero para retirar la denuncia.
El video donde aparecía acostándose con Bella.
Las transmisiones en vivo en las que ambos se burlaban de mí.
El momento en que Bella arrojaba las cenizas de Emily al suelo.
Y, sobre todo, los archivos que demostraban que Daniel había ordenado manipular el video del accidente.
La mañana siguiente convoqué una conferencia de prensa junto a mi abogado.
No llevé maquillaje para ocultar las marcas de las bofetadas.
Me senté frente a decenas de cámaras y dije:
—Durante los últimos días, mi familia ha sido amenazada, acosada y humillada por una mentira. Hoy presentaré las pruebas.
Primero mostramos la grabación original del accidente.
En ella se veía a Emily cruzando correctamente con el semáforo para peatones en verde.
Se veía el auto detenerse.
Se veía la discusión.