La mañana después de casarse, una funcionaria descubrió que su “suegra” era en realidad la esposa legal de su marido… y que ambos ya habían preparado los documentos para quedarse con una herencia de millones.

PARTE 2
Elena regresó al hotel con un transmisor cosido bajo la blusa, una grabadora dentro del bolso y una frase de emergencia memorizada.

—Olvidé mi rebozo azul.

Si pronunciaba esas palabras, los agentes entrarían.

En la suite, Adrián estaba sentado al borde de la cama. Beatriz permanecía junto a la ventana, con los brazos cruzados y el sobre sobre la mesa.

—¿Dónde estabas? —preguntó Adrián.

—En una farmacia.

—Hay una en la planta baja.

—Estaba cerrada.

Beatriz miró sus manos vacías.

—¿Y qué compraste?

—Tomé una pastilla allí.

—¿Cuál?

—No recuerdo la marca.

Beatriz soltó una risa seca.

—Siempre recuerdas las marcas.

Elena dejó el bolso sobre una silla procurando que no le temblaran los dedos.

—¿Por qué parece que están interrogándome?

Adrián se acercó y sostuvo sus manos.

—Nos preocupamos. Desapareciste después de recibir una llamada extraña.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *