PARTE 2
Renata dejó entrar a Lorena, pero no bajó la cadena de seguridad hasta que Elisa revisó el pasillo y confirmó que nadie la había seguido.
La mujer que durante años había aparecido en revistas empresariales con vestidos impecables y una sonrisa desafiante ahora parecía incapaz de sostenerse de pie. Tenía el maquillaje corrido, los labios pálidos y ambas manos aferradas a su vientre de 7 meses.
—Empieza por mi hijo —exigió Renata—. ¿Dónde está?
Lorena sacó una memoria electrónica del bolso.
—No conozco el lugar exacto. Encontré pagos a una residencia llamada Casa Horizonte, en las afueras de Querétaro. Adrián deposita cada mes desde una cuenta de la empresa.
—¿Cómo sabes que se trata de mi hijo?
—Porque vi su expediente.
Renata sintió un estremecimiento.
—Habla.
Lorena confesó que había mantenido una relación con Adrián durante casi 3 años. Él le aseguró que su matrimonio estaba terminado y que Renata se negaba a firmar el divorcio para conservar dinero que no le pertenecía. También le dijo que jamás había podido tener hijos con su esposa.