PARTE 2
Me quedé paralizada detrás de la puerta mientras escuchaba a mi esposo hablar con una tranquilidad espantosa.
—Tenemos casi 40 millones de pesos en deudas —explicó Alejandro—. Si Mariana firma como obligada solidaria, podremos intentar trasladarle parte de la responsabilidad y negociar nuestra salida de la empresa.
La mujer del vestido rojo sonrió.
—¿Y después?
—Después nos divorciamos, Valeria. Mi madre y yo conservaremos lo que podamos rescatar de nuestros bienes. Mariana se quedará enfrentando a los acreedores.
Mi suegra dejó su copa sobre la mesa.
—Siempre dije que esa mujer no tenía inteligencia para pertenecer a esta familia.
Sentí lágrimas calientes resbalar por mis mejillas.
Ocho años de matrimonio.
Ocho años defendiendo a Alejandro frente a mis padres, trabajando hasta medianoche para ayudar a su empresa y soportando las humillaciones de su madre.
Todo había sido una mentira.
Pero entonces Alejandro pronunció algo que me heló la sangre.