—¡Mi esposo no nació para ser tu chofer, señora! ¡Ya trabajó bastante para ti y tiene derecho a disfrutar su vida!
Eso fue lo que mi nuera me gritó por teléfono cuando le pregunté por qué mi hijo había vuelto a dejarme esperando para ir a rehabilitación.
Lo más doloroso era que, mientras yo permanecía sentada en una silla de ruedas, con la cadera recién operada y la muñeca enyesada, él estaba paseando con su suegra en un centro comercial.
Lo descubrí gracias a una fotografía que ella misma publicó en Facebook.
Aparecían los dos sonriendo frente a una enorme copa de helado. Debajo había escrito:
«Una tarde maravillosa con mi yerno consentido. Mi chofer particular».
La publicación tenía una hora: 2:40 de la tarde.
Exactamente cuando yo llevaba más de una hora esperándolo.
Me llamo Elena Ramírez, tengo 67 años y durante 34 trabajé como operadora de una central de radiotaxis en Guadalajara.