Mi hijo trabajó durante 12 años en una tienda, hasta que el gerente lo acusó de ladrón… pero la verdad dejó a todos sin palabras.
Cuando mi hijo Daniel comenzó a trabajar en la sección de frutas y verduras del supermercado, tenía apenas 21 años. Tenía síndrome de Down, una sonrisa que iluminaba cualquier habitación y una costumbre que nunca perdió: saludar a todo el mundo como si cada cliente fuera un viejo amigo.
Durante doce años, aquel supermercado fue mucho más que un lugar de trabajo para él. Era su segunda casa.
Se sabía de memoria los nombres de sus compañeros, conocía las frutas favoritas de los clientes habituales y siempre se ofrecía a ayudar a las personas mayores con sus bolsas.
Cada mañana se ponía su uniforme, se colocaba el delantal verde y me decía: