El objetivo no es prohibir que diferentes alimentos se vendan en el mismo establecimiento.
El objetivo es impedir que los microorganismos pasen de un alimento a otro.
¿Qué puedes hacer como consumidor?
También puedes reducir el riesgo durante la compra.
Coloca el pollo crudo separado de otros alimentos.
Si es posible, utiliza una bolsa independiente para la carne.
Al llegar a casa, guarda primero los productos refrigerados y coloca el pollo en un recipiente o zona donde una posible fuga no pueda contaminar otros alimentos.
Lávate las manos después de manipular el envase.
Y limpia cualquier superficie que haya estado en contacto con líquidos de pollo crudo.
Una regla sencilla para recordar
Cuando manipules pollo crudo, piensa en cuatro pasos:
Limpiar.
Lávate las manos y limpia las superficies.
Separar.
Mantén el pollo y sus jugos lejos de alimentos listos para consumir.
Cocinar.
Cocina el pollo hasta alcanzar aproximadamente 74 °C en su interior.
Refrigerar.
Mantén los alimentos perecederos a una temperatura segura y refrigéralos rápidamente.
El problema no es vender queso junto al pollo
La afirmación de que “vender queso junto al pollo crudo es peligroso” necesita una explicación más precisa.
No es la simple presencia de ambos productos en una misma tienda lo que causa una contaminación.
El riesgo aparece cuando el pollo crudo o sus jugos entran en contacto con alimentos que deberían permanecer libres de esa contaminación.
La separación adecuada, la higiene, la refrigeración y la cocción correcta son las medidas que realmente importan.
Una buena manipulación de alimentos puede parecer exagerada cuando todo está limpio y bien organizado.
Pero basta una pequeña fuga, una tabla contaminada o unas manos sin lavar para que los microorganismos pasen de un alimento a otro.
Por eso, cuando se trata de pollo crudo, la regla más sencilla es también una de las más importantes: separa, limpia, cocina bien y evita que sus jugos entren en contacto con alimentos listos para comer.