Todavía puedo escuchar sus carcajadas mientras la camioneta se alejaba de la gasolinera. No eran risas de complicidad. …
Mi esposo y sus hermanos me abandonaron a casi quinientos kilómetros de casa para grabar un “video de broma”. Se fueron riéndose mientras gritaban: “¡A ver cómo regresas!”. Cinco años después logró encontrarme… pero en cuanto vio quién estaba de pie detrás de mí, comprendió que aquella broma había destruido su vida para siempre.