{"id":1940,"date":"2026-08-09T23:46:49","date_gmt":"2026-08-09T23:46:49","guid":{"rendered":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/?p=1940"},"modified":"2026-08-09T23:46:49","modified_gmt":"2026-08-09T23:46:49","slug":"mi-padre-fue-empujado-fuera-de-la-bodega-de-arroz-en-plena-noche-de-lluvia-por-tirar-un-plato-frente-a-los-invitados-lo-encontre-encogido-junto-a-un-costal-roto-abrazando-un-sueter-frio-y-mojado-y","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/?p=1940","title":{"rendered":"Mi padre fue empujado fuera de la bodega de arroz en plena noche de lluvia por tirar un plato frente a los invitados.  Lo encontr\u00e9 encogido junto a un costal roto, abrazando un su\u00e9ter fr\u00edo y mojado. Yo no le grit\u00e9 a nadie\u2026 solo puse sobre la mesa el cuaderno de deudas que todos cre\u00edan quemado desde hac\u00eda doce a\u00f1os."},"content":{"rendered":"<p>Mi padre fue empujado fuera de la bodega de arroz en plena noche de lluvia por tirar un plato frente a los invitados. Lo encontr\u00e9 encogido junto a un costal roto, abrazando un su\u00e9ter fr\u00edo y mojado. Yo no le grit\u00e9 a nadie\u2026 solo puse sobre la mesa el cuaderno de deudas que todos cre\u00edan quemado desde hac\u00eda doce a\u00f1os.<br \/>\nAdvertisements<br \/>\nPosted on 5 August, 2026 by abel<\/p>\n<p>\ud83c\udf27\ufe0f\ud83c\udf3e Mi padre fue empujado fuera de la bodega de arroz en plena noche de lluvia por tirar un plato frente a los invitados.<br \/>\nLo encontr\u00e9 encogido junto a un costal roto, abrazando un su\u00e9ter fr\u00edo y mojado.<br \/>\nYo no le grit\u00e9 a nadie\u2026 solo puse sobre la mesa el cuaderno de deudas que todos cre\u00edan quemado desde hac\u00eda doce a\u00f1os. \ud83c\udf27\ufe0f\ud83c\udf3e<\/p>\n<p>Me llamo Dalia Arriaga, tengo treinta y seis a\u00f1os y nac\u00ed en un pueblo peque\u00f1o de Nayarit, de esos donde la lluvia no cae: golpea los techos de l\u00e1mina como si quisiera entrar a la fuerza. Mi padre, don Anselmo, fue toda su vida un hombre de manos agrietadas, espalda doblada y voz bajita. Nunca supo defenderse con palabras, pero s\u00ed con trabajo.<br \/>\nDurante a\u00f1os levant\u00f3 la bodega de arroz de la familia cargando costales m\u00e1s pesados que \u00e9l. No era due\u00f1o en papeles, porque mi madre muri\u00f3 antes de que arreglaran nada y mi hermano mayor, Leandro, se qued\u00f3 con todo \u201cpara administrar mejor\u201d. As\u00ed lo dijo. Como si mi padre, despu\u00e9s de partirse el cuerpo cuarenta a\u00f1os, ya no sirviera ni para saber qu\u00e9 era suyo.<\/p>\n<p>Leandro cambi\u00f3 desde que empez\u00f3 a venderle arroz a restaurantes grandes. Se compr\u00f3 camioneta, arregl\u00f3 la fachada, puso c\u00e1maras en la entrada y empez\u00f3 a presentar la bodega como si hubiera nacido de su talento. A mi padre lo dej\u00f3 en un cuartito al fondo, donde antes se guardaban herramientas oxidadas y bolsas de cal. Dec\u00eda que ah\u00ed estaba \u201cm\u00e1s tranquilo\u201d.<br \/>\nPero yo sab\u00eda la verdad.<br \/>\nLo escond\u00eda.<br \/>\nPorque a Leandro le daba verg\u00fcenza que los clientes vieran a un viejo con ropa remendada caminando lento entre los costales.<br \/>\nEsa noche hab\u00eda cena en la bodega. No una cena familiar, sino una reuni\u00f3n con compradores de Tepic. Pusieron mesas largas entre los sacos, manteles de pl\u00e1stico blanco, cazuelas de birria y m\u00fasica bajita. A m\u00ed me llamaron para servir, no para sentarme. A mi padre ni siquiera quer\u00edan sacarlo del cuarto, pero \u00e9l escuch\u00f3 voces y sali\u00f3 con su su\u00e9ter gris, peinado con agua, como si todav\u00eda creyera que esa casa tambi\u00e9n era suya.<\/p>\n<p>Tra\u00eda un plato de arroz con frijoles.<br \/>\nLe temblaban las manos.<br \/>\nYo lo vi cruzar despacio entre las mesas. Nadie le hizo espacio. Una silla mal acomodada lo hizo tropezar y el plato cay\u00f3 al piso frente a dos compradores. El arroz se reg\u00f3 sobre el cemento mojado. Uno de los invitados frunci\u00f3 la boca. Mi cu\u00f1ada, Mirela, cerr\u00f3 los ojos como si hubiera pasado una tragedia.<br \/>\nLeandro se levant\u00f3 de golpe.<br \/>\nNo le pregunt\u00f3 si se hab\u00eda lastimado.<br \/>\nNo le limpi\u00f3 la manga.<br \/>\nSolo lo agarr\u00f3 del brazo.<\/p>\n<p>\u2014Ya le dije que no salga cuando hay gente importante \u2014dijo, apretando los dientes.<br \/>\nMi padre quiso agacharse a recoger el plato roto, pero Leandro lo jal\u00f3 hacia la puerta trasera. La lluvia entr\u00f3 como una cortina helada. Yo solt\u00e9 la charola, pero Mirela me detuvo con la mirada.<br \/>\n\u2014No armes teatro, Dalia.<br \/>\nLeandro empuj\u00f3 a mi padre afuera.<br \/>\nLa puerta met\u00e1lica se cerr\u00f3.<br \/>\nDurante unos segundos nadie habl\u00f3.<br \/>\nLuego alguien pidi\u00f3 m\u00e1s tortillas.<br \/>\nEso fue lo que me rompi\u00f3.<br \/>\nNo el empuj\u00f3n.<br \/>\nNo la lluvia.<br \/>\nQue todos siguieran comiendo.<br \/>\nSal\u00ed por la puerta lateral y lo encontr\u00e9 junto a los costales viejos, sentado en el lodo, abrazando su su\u00e9ter mojado contra el pecho. Ten\u00eda la rodilla raspada y la boca tembl\u00e1ndole, pero cuando me vio intent\u00f3 sonre\u00edr.<br \/>\n\u2014No pasa nada, hija. Nom\u00e1s se me cay\u00f3 el plato.<br \/>\nYo no llor\u00e9.<br \/>\nLo levant\u00e9, lo llev\u00e9 adentro y lo sent\u00e9 en la cabecera de la mesa, justo en el lugar donde Leandro hab\u00eda puesto su sombrero nuevo. Mi hermano se puso de pie furioso.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo?<br \/>\nNo contest\u00e9.<!--nextpage--><br \/>\nAbr\u00ed mi bolsa y saqu\u00e9 un cuaderno de pasta caf\u00e9, hinchado por la humedad, con las esquinas negras por humo antiguo.<br \/>\nLeandro se qued\u00f3 sin color.<br \/>\nMi cu\u00f1ada dio un paso atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Ese cuaderno hab\u00eda desaparecido la noche del incendio del granero, doce a\u00f1os antes. Todos dijeron que se quem\u00f3 junto con recibos, notas y papeles viejos. Pero mi madre, antes de morir, lo hab\u00eda escondido en la caja de harina donde guardaba las veladoras.<br \/>\nLo puse sobre la mesa.<br \/>\nEn la primera p\u00e1gina estaba la letra de mi padre, torpe pero clara.<br \/>\n\u201cDinero prestado a Leandro para comprar la primera carga de arroz. Garant\u00eda: media bodega.\u201d<br \/>\nPas\u00e9 otra hoja.<br \/>\nLuego otra.<br \/>\nPr\u00e9stamos, fechas, firmas, intereses perdonados, camionetas pagadas, facturas cubiertas con la pensi\u00f3n de mi padre. Y al final, una nota escrita por mi madre:<br \/>\n\u201cSi alg\u00fan d\u00eda sacan a Anselmo de su propia casa, este cuaderno debe abrirse frente a todos.\u201d<br \/>\nLeandro extendi\u00f3 la mano para arrebat\u00e1rmelo.<br \/>\nPero uno de los compradores ya estaba leyendo la \u00faltima p\u00e1gina.<br \/>\nY mi padre, empapado y temblando, levant\u00f3 la mirada por primera vez en a\u00f1os.<\/p>\n<p>Parte 2:<\/p>\n<p>El comprador que ley\u00f3 la \u00faltima p\u00e1gina se llamaba don Rogelio Rivas, due\u00f1o de tres fondas grandes en Tepic. No era familia, no conoc\u00eda nuestras heridas, y tal vez por eso fue el primero que se atrevi\u00f3 a decir lo que todos estaban pensando.<\/p>\n<p>\u2014Esto parece m\u00e1s importante que un plato roto.<\/p>\n<p>Leandro solt\u00f3 una carcajada sin aire.<\/p>\n<p>\u2014Son apuntes viejos. Mi pap\u00e1 escrib\u00eda cualquier cosa. Ya ni se acuerda de lo que desayun\u00f3.<\/p>\n<p>Mi padre baj\u00f3 los ojos, como si el golpe no hubiera sido suficiente y todav\u00eda tuviera que pedir perd\u00f3n por existir. Yo puse mi mano sobre el cuaderno antes de que Leandro lo tocara. Ten\u00eda las u\u00f1as llenas de lodo de haberlo levantado afuera, y por primera vez no me dio verg\u00fcenza ensuciar la mesa de los invitados. Mirela quiso hablar de respeto, de cena arruinada, de clientes inc\u00f3modos. Pero el otro comprador, una mujer de lentes llamada Teresa Molina, pidi\u00f3 ver las firmas.<\/p>\n<p>Ella pas\u00f3 las p\u00e1ginas despacio. Pr\u00e9stamo para la primera carga de arroz. Pr\u00e9stamo para reparar la m\u00e1quina limpiadora. Pr\u00e9stamo para comprar la b\u00e1scula vieja. Pr\u00e9stamo para pagar una multa de transporte. Todos con una frase repetida: \u201cSe descuenta de la parte correspondiente a Anselmo Arriaga.\u201d Mi padre no era un arrimado. Era el hombre que hab\u00eda financiado, con trabajo y con pensi\u00f3n, la bodega que ahora lo expulsaba por tirar un plato.<\/p>\n<p>Leandro intent\u00f3 quitarle valor al cuaderno diciendo que no estaba notariado. Do\u00f1a Teresa le pregunt\u00f3 si tampoco estaban notariadas las facturas que \u00e9l presum\u00eda como respaldo de su negocio. Varias estaban copiadas ah\u00ed, con folios, fechas y nombres de proveedores. Mi hermano se qued\u00f3 callado un segundo. Ese segundo bast\u00f3 para que empleados, compradores y meseros dejaran de fingir que no escuchaban. La lluvia golpeaba la l\u00e1mina del techo, pero adentro se o\u00eda cada respiraci\u00f3n.<!--nextpage--><\/p>\n<p>Mi padre levant\u00f3 una mano temblorosa.<\/p>\n<p>\u2014Yo no quer\u00eda pleito \u2014dijo.<\/p>\n<p>Su voz sali\u00f3 baja, raspada, pero todos se inclinaron un poco para o\u00edrla.<\/p>\n<p>\u2014Solo quer\u00eda sentarme.<\/p>\n<p>Esa frase termin\u00f3 de cambiar la cena. Don Rogelio apart\u00f3 su plato, como si la comida le hubiera perdido sabor. Mirela se acerc\u00f3 a Leandro y le susurr\u00f3 algo al o\u00eddo. \u00c9l reaccion\u00f3 con rabia. Dijo que yo hab\u00eda preparado todo por resentida, que llegu\u00e9 con ese cuaderno para quitarle lo que \u00e9l hab\u00eda hecho crecer. Entonces abr\u00ed las \u00faltimas hojas. Mi madre hab\u00eda pegado recibos peque\u00f1os con cinta: aportaciones de mi pap\u00e1 a la luz de la bodega, compras de costales, pagos al banco, retiros de su pensi\u00f3n hechos el mismo d\u00eda en que Leandro presum\u00eda \u201cinversi\u00f3n propia\u201d. En una hoja hab\u00eda una nota: \u201cAnselmo perdona intereses porque es su hijo. Yo no perdono que lo humillen.\u201d<\/p>\n<p>Mirela no soport\u00f3 esa frase.<\/p>\n<p>\u2014Tu madre ya est\u00e1 muerta \u2014escupi\u00f3\u2014. No puede venir a opinar.<\/p>\n<p>Mi padre la mir\u00f3 entonces. No con rabia. Con una tristeza vieja.<\/p>\n<p>\u2014Por eso escribi\u00f3.<\/p>\n<p>Leandro dio un manotazo y tir\u00f3 un vaso. El agua se mezcl\u00f3 con salsa, arroz y lluvia que entraba por la puerta trasera mal cerrada. Quiso decir que el cuarto del fondo era decisi\u00f3n m\u00e9dica, que pap\u00e1 se agitaba con la gente, que \u00e9l lo cuidaba como pod\u00eda. Pero don Rogelio se\u00f1al\u00f3 el su\u00e9ter mojado de mi padre, todav\u00eda goteando sobre la silla de la cabecera.<\/p>\n<p>\u2014A un hombre cuidado no lo avientan al patio con esta lluvia.<\/p>\n<p>Uno de los empleados, Tom\u00e1s, baj\u00f3 la cara. Luego habl\u00f3 sin mirar a Leandro. Dijo que no era la primera vez. Que a don Anselmo lo sacaban al \u00e1rea de costales cuando llegaban clientes, que le daban de comer aparte, que le prohib\u00edan tocar la b\u00e1scula porque \u201cdaba mala imagen\u201d. Otro empleado agreg\u00f3 que el cuartito del fondo no ten\u00eda ventana y que cuando llov\u00eda se met\u00eda agua. Mirela grit\u00f3 que todos eran malagradecidos. Tom\u00e1s respondi\u00f3: \u201cComemos gracias al arroz que don Anselmo ense\u00f1\u00f3 a cargar.\u201d<\/p>\n<p>Mi hermano se puso blanco de furia.<\/p>\n<p>Entonces mi padre toc\u00f3 el costal roto que yo hab\u00eda tra\u00eddo de afuera junto con su su\u00e9ter. Lo jal\u00f3 hacia \u00e9l y meti\u00f3 los dedos en la costura abierta. Sac\u00f3 una bolsita de pl\u00e1stico manchada de lodo. Adentro hab\u00eda tres papeles doblados: una copia del acta de posesi\u00f3n del terreno, una foto de mi madre frente a la bodega y una hoja quemada de los bordes. La hoja dec\u00eda: \u201cIncendio del granero. Pago de seguro recibido por Leandro Arriaga.\u201d La fecha era de la misma semana en que, seg\u00fan mi hermano, se hab\u00eda quemado el cuaderno.<\/p>\n<p>\u2014El cuaderno no se quem\u00f3 \u2014dije\u2014. Pero t\u00fa s\u00ed cobraste por el incendio.<\/p>\n<p>Mirela perdi\u00f3 el color.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Teresa pidi\u00f3 permiso para tomar fotos de los documentos. Leandro intent\u00f3 negarse, pero don Rogelio ya estaba guardando sus papeles de compra. Dijo que ning\u00fan restaurante serio firmaba contrato con una bodega en disputa y con denuncias de maltrato familiar frente a veinte testigos. Esa palabra, disputa, le cay\u00f3 a mi hermano como piedra. Su cena no era solo para vender arroz. Era para cerrar un convenio grande esa noche, usando la historia de \u201cempresa familiar\u201d mientras el fundador estaba empapado en la cabecera.<\/p>\n<p>El celular de Leandro empez\u00f3 a sonar. No contest\u00f3. En la pantalla apareci\u00f3 el nombre del contador: \u201cSi tu hermana abri\u00f3 el cuaderno, quita al viejo de la escritura antes de ma\u00f1ana.\u201d Yo lo vi. Mirela tambi\u00e9n. Mi padre cerr\u00f3 los ojos. Y entonces entend\u00ed que el empuj\u00f3n no hab\u00eda sido arrebato. Era prisa. Quer\u00edan sacarlo del sal\u00f3n, de la mesa y de cualquier papel antes de que la lluvia trajera de vuelta lo que creyeron quemado. \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 despu\u00e9s\u2026?<\/p>\n<p>Parte 3:<\/p>\n<p>La llamada del contador cambi\u00f3 el rostro de Leandro m\u00e1s que todas las p\u00e1ginas del cuaderno. Hasta ese momento pod\u00eda fingir que era un pleito familiar, una hija resentida, un viejo confundido. Pero el mensaje mostraba un plan para quitar a mi padre de lo poco que todav\u00eda pod\u00eda sostenerlo. Tom\u00e1s cerr\u00f3 la puerta trasera para que mi padre dejara de sentir el fr\u00edo entrando por donde lo hab\u00edan empujado.<\/p>\n<p>Leandro volvi\u00f3 a intentar ser el hijo responsable. Dijo que el contador exageraba, que lo de la escritura era para proteger la empresa, que don Anselmo ya no pod\u00eda decidir porque a veces olvidaba fechas. Mi padre levant\u00f3 la cara, mojado, cansado, con arroz pegado en una manga. \u201cNo olvid\u00e9 qui\u00e9n me sac\u00f3\u201d, dijo. No grit\u00f3. La frase cruz\u00f3 la mesa y se qued\u00f3 sentada donde antes estaba el sombrero nuevo de mi hermano.<\/p>\n<p>Esa noche no se firm\u00f3 ning\u00fan contrato. Los compradores se fueron, pero no en silencio. Don Rogelio se acerc\u00f3 a mi padre, le tom\u00f3 la mano y le dijo: \u201cCuando arreglen lo suyo, hablamos con usted tambi\u00e9n.\u201d Para un hombre al que acababan de sacar al lodo por estorbar, ese \u201ccon usted\u201d fue casi una cobija. Mi pap\u00e1 no respondi\u00f3. Solo apret\u00f3 el cuaderno contra el pecho, como si estuviera abrazando a mi madre a trav\u00e9s de esas hojas quemadas.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente llevamos el cuaderno con una abogada de Tepic que hab\u00eda sido compa\u00f1era m\u00eda de secundaria. No prometi\u00f3 milagros. Dijo que los papeles viejos pod\u00edan ser peleados, pero con testigos, recibos, facturas, el mensaje del contador y el trato indigno a mi padre, la historia cambiaba. Tambi\u00e9n pidi\u00f3 revisar el incendio del granero. Ah\u00ed apareci\u00f3 otra grieta: el seguro cobrado por Leandro inclu\u00eda una declaraci\u00f3n de p\u00e9rdida total de documentos familiares. Entre esos documentos, seg\u00fan \u00e9l, estaban los recibos que demostraban aportaciones de don Anselmo.<\/p>\n<p>Tom\u00e1s declar\u00f3. Tambi\u00e9n otros empleados. Dijeron que Leandro usaba a don Anselmo para convencer proveedores cuando necesitaba cr\u00e9dito, present\u00e1ndolo como \u201cfundador\u201d, y luego lo escond\u00eda cuando ven\u00edan clientes elegantes. Dijeron que Mirela ordenaba servirle comida fr\u00eda para que no se acostumbrara a estar en la mesa. Dijeron que el cuarto del fondo no era descanso, era castigo. Cada testimonio me dol\u00eda, pero tambi\u00e9n me sosten\u00eda.<\/p>\n<p>Mi padre se vino conmigo unos d\u00edas. Yo viv\u00eda en una casa peque\u00f1a, nada comparable con la bodega que \u00e9l levant\u00f3. Aun as\u00ed, la primera ma\u00f1ana despert\u00f3 y pregunt\u00f3 si pod\u00eda sentarse en la cocina. Casi se me rompi\u00f3 el alma. Le dije que en mi casa no se ped\u00eda permiso para sentarse. Le hice caf\u00e9, le calent\u00e9 tortillas y le lav\u00e9 el su\u00e9ter gris. No sali\u00f3 toda la mancha del lodo. \u00c9l me pidi\u00f3 no tallarla demasiado. \u201cQue se vea\u201d, dijo. \u201cPara acordarme de que s\u00ed pas\u00f3.\u201d<\/p>\n<p>Leandro fue citado semanas despu\u00e9s. Lleg\u00f3 con Mirela, contador y abogado. Ya no tra\u00eda la seguridad de la cena. Tra\u00eda explicaciones largas y esa voz de v\u00edctima que algunos usan cuando se les cae el disfraz de autoridad. Dijo que hab\u00eda cargado solo con la bodega, que yo nunca me interes\u00e9, que pap\u00e1 era dif\u00edcil. Mi abogada puso el cuaderno sobre la mesa. Luego puso el su\u00e9ter fotografiado bajo la lluvia, el recibo del seguro, las facturas copiadas y el video que uno de los meseros grab\u00f3 cuando lo empujaron fuera. Despu\u00e9s pregunt\u00f3 algo simple: \u201c\u00bfEn qu\u00e9 momento cuidar a su padre exig\u00eda quitarle su parte?\u201d<\/p>\n<p>No contest\u00f3.<\/p>\n<p>El proceso fue lento. Se suspendi\u00f3 cualquier venta o convenio hasta aclarar propiedad y aportaciones. Leandro tuvo que entregar cuentas, p\u00f3lizas del seguro y registros de inventario. Salieron deudas, desv\u00edos y pr\u00e9stamos pedidos usando el nombre de mi padre como respaldo moral. La justicia rara vez devuelve a\u00f1os completos. Pero logramos reconocer por escrito la participaci\u00f3n de don Anselmo en la bodega y asegurarle una renta mensual por su parte, adem\u00e1s del derecho de entrar, sentarse y decidir sobre el lugar que hab\u00eda levantado.<\/p>\n<p>Mi padre no quiso quitarle la bodega a Leandro. Eso me enoj\u00f3 al principio. Pero pap\u00e1 dijo que no iba a parecerse a \u00e9l. Solo pidi\u00f3 cerrar el cuarto del fondo como habitaci\u00f3n, dejar la cabecera libre para cualquier trabajador viejo que quisiera sentarse y poner en la entrada una placa con el nombre de mi madre, porque ella guard\u00f3 la verdad cuando todos creyeron que el fuego la hab\u00eda borrado.<\/p>\n<p>La primera vez que mi padre regres\u00f3 despu\u00e9s del acuerdo, llov\u00eda otra vez. Camin\u00f3 despacio, con bast\u00f3n, pero entr\u00f3 por la puerta principal. Los empleados dejaron de cargar costales un momento. Nadie aplaudi\u00f3, porque a \u00e9l le hubiera dado pena. Solo Tom\u00e1s le acerc\u00f3 una silla limpia. Mi pap\u00e1 se sent\u00f3 junto a la b\u00e1scula y pas\u00f3 la mano por la madera de la mesa. Yo puse delante de \u00e9l un plato de arroz caliente con frijoles. No se le cay\u00f3. Y si se le hubiera ca\u00eddo, nadie habr\u00eda tenido derecho a sacarlo.<\/p>\n<p>Ahora guardo el cuaderno caf\u00e9 en una caja seca, envuelto en tela, junto con la nota de mi madre. Las esquinas siguen negras, como si el humo de hace doce a\u00f1os todav\u00eda quisiera morder la verdad. A veces lo abro y veo la letra torpe de mi padre, cada pr\u00e9stamo escrito no para cobrar, sino para recordar que el trabajo tambi\u00e9n deja huella aunque otros quieran ponerle su apellido. Mi hermano crey\u00f3 que pod\u00eda empujar a un viejo bajo la lluvia y seguir vendiendo arroz como si nada. Se equivoc\u00f3. Una bodega no se hereda solo con papeles ni se presume con camisa nueva. Tambi\u00e9n se carga en la espalda, se cuida con hambre, se paga con pensi\u00f3n y se defiende con un cuaderno que sobrevivi\u00f3 al fuego.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi padre fue empujado fuera de la bodega de arroz en plena noche de lluvia por tirar un plato frente&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1941,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-1940","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1940","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1940"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1940\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1942,"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1940\/revisions\/1942"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1941"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1940"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1940"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/recetasencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1940"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}