Los glucosinolatos y sus derivados pueden tener efectos conocidos como “bociógenos” en determinadas condiciones. En teoría, algunos de estos compuestos pueden interferir con procesos relacionados con el aprovechamiento del yodo por la tiroides.
Pero aquí existe una diferencia enorme entre lo que puede observarse en estudios experimentales y lo que sucede cuando una persona consume cantidades normales de verduras.
Una revisión sistemática que analizó 123 estudios sobre verduras de la familia Brassica encontró que la mayoría de los resultados ponen en duda la idea de que estas verduras tengan un efecto antitiroideo importante en seres humanos. El consumo habitual dentro de una alimentación con suficiente yodo no mostró efectos adversos claros sobre la función tiroidea.
Por eso, para la mayoría de las personas, comer coliflor como parte de una dieta equilibrada no significa que vaya a dañar la tiroides.
¿Quién debería tener más precaución?
La situación puede ser diferente cuando existe una enfermedad tiroidea, una deficiencia importante de yodo o un consumo extremadamente elevado de determinadas verduras crucíferas, especialmente en forma cruda.
La cantidad y la frecuencia importan.
Comer una porción normal de coliflor no es comparable con consumir grandes cantidades de vegetales crucíferos crudos todos los días.
Además, algunos de los estudios que muestran posibles efectos sobre la tiroides corresponden a situaciones muy concretas, estudios experimentales o cantidades que no representan necesariamente una alimentación habitual.
Si tienes una enfermedad de la tiroides y consumes cantidades muy grandes de crucíferas diariamente, puedes comentarlo con tu médico o nutricionista para determinar si necesitas algún ajuste.
Cocinar la coliflor puede cambiar sus compuestos
Existe otro detalle interesante.
La coliflor contiene una enzima llamada mirosinasa que participa en la transformación de los glucosinolatos cuando el tejido vegetal se rompe.
El calor puede inactivar esta enzima, modificando la manera en que se producen determinados compuestos durante la digestión.
Esto no significa que haya una única forma “correcta” de cocinar la coliflor.
Al vapor, hervida, asada o salteada, sigue siendo un alimento nutritivo.
Además, cocinarla puede hacerla más fácil de consumir para algunas personas y puede mejorar su textura y sabor.
¿La coliflor causa inflamación?
Otra afirmación que aparece con frecuencia es que la coliflor provoca inflamación.
En realidad, no existe una regla general según la cual comer coliflor provoque inflamación en las personas.
De hecho, las verduras crucíferas contienen diferentes compuestos vegetales que se estudian precisamente por sus posibles propiedades antioxidantes y relacionadas con procesos inflamatorios.
Lo que sí puede ocurrir es algo diferente.
Algunas personas pueden experimentar gases, distensión abdominal o molestias después de comer coliflor.
Eso no significa necesariamente que exista una inflamación peligrosa.
La coliflor contiene fibra y determinados carbohidratos fermentables que pueden producir más gases durante la digestión en personas sensibles.
¿Por qué algunas personas sienten gases después de comerla?
La respuesta está principalmente en el proceso digestivo.
Parte de los componentes de la coliflor llegan al intestino donde las bacterias intestinales los fermentan.