VOLVÍ A MÉXICO DESPUÉS DE NUEVE MESES Y ENCONTRÉ A MI SUEGRA VIVIENDO EN MI CASA, USANDO MIS COSAS Y DEJÁNDOME UNA LISTA DE REGLAS… PERO CUANDO VI LA CARA DE MI ESPOSO, ENTENDÍ QUE ÉL LE HABÍA OCULTADO ALGO MUCHO PEOR

—Hay más.

Su madre se giró.

—Te juro que si dices otra palabra…

—¡Ya basta, mamá!

Mariana se levantó.

—Laura tiene derecho a saber.

Mauricio caminó hacia ella.

—No sabes toda la historia.

—Sé suficiente.

Mariana corrió hacia una de las cajas que estaban junto al pasillo.

Sacó un sobre café.

Teresa intentó quitárselo.

Yo me puse entre las dos.

—Dámelo.

Mariana me entregó el sobre.

Dentro había estados de cuenta.

Comprobantes.

Transferencias.

Y una hoja con una lista de cantidades.

$350,000.

$420,000.

$180,000.

$275,000.

Todo enviado a la misma empresa.

“Grupo Horizonte Bajío”.

Miré a Mauricio.

—¿Esta era tu inversión?

Asintió.

Revisé las fechas.

Los primeros movimientos habían ocurrido mucho antes de mi viaje.

—Empezaste esto hace más de un año.

—Sí.

—Entonces llevas más de un año mintiéndome.

No respondió.

Seguí revisando.

Hasta que encontré algo que hizo que mi enojo se transformara en miedo.

Una transferencia de $300,000 pesos.

La cuenta de origen tenía mi nombre.

—¿Qué es esto?

Mauricio frunció el ceño.

—No sé.

—Aquí dice que salieron trescientos mil pesos de una cuenta a mi nombre.

—Eso es imposible.

Y por primera vez le creí.

Porque parecía genuinamente sorprendido.

Abrí la aplicación bancaria.

La cuenta que aparecía en el comprobante no era ninguna de las que yo conocía.

—Yo nunca abrí esta cuenta.

Teresa dejó de respirar por un instante.

Lo vi.

—Tú sabes algo.

—No.

—Teresa.

—No sé nada.

—Mírame.

No quiso hacerlo.

Mariana susurró:

—Mamá, díselo.

Mauricio miró a ambas.

—¿Decirle qué?

La habitación volvió a quedarse en silencio.

Entonces Teresa se sentó.

Parecía haber envejecido diez años en pocos minutos.

—La cuenta se abrió cuando estabas fuera.

—¿Cómo?

—Necesitábamos mover dinero.

—¿Quién abrió una cuenta bancaria usando mis datos?

—No fue exactamente así…

Golpeé la mesa.

—¡¿Quién?!

Mauricio se levantó.

—Mamá, dime que tú no hiciste eso.

Teresa comenzó a llorar.

—Yo solo entregué los papeles.

—¿A quién?

—A Rogelio.

Mauricio retrocedió.

—¿Rogelio?

Nunca había escuchado ese nombre.

—¿Quién es Rogelio?

Mi esposo miró a su madre como si acabara de ver a una desconocida.

—Era el socio que me presentó la inversión.

Ahora fui yo quien se quedó inmóvil.

—¿Tu madre conocía a tu socio?

Mauricio negó lentamente.

—Según yo, no.

Mariana se sentó y se cubrió el rostro.

Teresa ya no podía sostenerme la mirada.

—Conocía a Rogelio desde antes —admitió.

—¿Desde cuándo? —preguntó Mauricio.

—Mucho antes.

—¿Cuánto?

Teresa tragó saliva.

—Casi ocho años.

Mauricio se quedó blanco.

La llamada de su celular interrumpió el silencio.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—Es mi jefe.

Nadie dijo nada.

Mauricio contestó.

—Bueno.

Escuchamos únicamente su lado de la conversación.

—Sí, licenciado.

Pausa.

—¿Hoy?

Otra pausa.

—Sí… entiendo.

Su rostro perdió todo color.

—No, no voy a salir de la ciudad.

Colgó.

—¿Qué pasó? —pregunté.

Mauricio me miró.

—Detectaron movimientos irregulares.

Teresa se llevó ambas manos a la boca.

—¿En la empresa?

Mauricio asintió.

—Me citaron con jurídico esta mañana.

—¿Por el dinero?

—No solamente.

Se quedó mirando el sobre café.

—Dicen que encontraron transferencias hacia Grupo Horizonte Bajío desde otras cuentas.

—¿Cuántas?

—No me dijeron.

Mariana levantó la cabeza.

—Rogelio.

Mauricio comenzó a caminar hacia la puerta.

—Tengo que encontrarlo.

—No —dije.

Se detuvo.

—¿Qué?

—Primero vas a hablar con un abogado. Y yo también.

—Laura, no tenemos tiempo.

—Precisamente por eso.

Tomé mi bolsa y guardé dentro las fotografías, los comprobantes y la copia de la supuesta autorización.

Teresa se levantó.

—¿A dónde vas?

—A protegerme.

—Somos familia.

La miré.

—La familia no falsifica firmas.

Nadie respondió.

Subí por mi computadora.

Cuando regresé, Mauricio estaba sentado mirando el piso.

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