“Desde ahí ya no podrá llamarnos”, le susurró mi marido a su amante durante mi funeral antes de dejar mi teléfono dentro del ataúd. Yo llevaba casi un año “enferma”, pero aquella noche alguien oyó un ruido bajo tierra. Cuando abrí los ojos, no grité: tomé el celular y envié un solo mensaje… sin saber que eso destruiría todo lo que ellos habían planeado.