Camila quería que su boda quedara recordada como el día más perfecto de su vida.
Y quizá, si alguien mira únicamente aquellas fotografías, eso es exactamente lo que parece.
Pero yo conozco la historia completa.
La fotografía sobrevivió.
La casa no.
El secreto tampoco.
Y después de tantos años pagando emocionalmente por las decisiones de mi hermana, por fin entendí algo que cambió mi vida:
poner un límite no significa destruir a una familia.
A veces significa dejar de permitir que una familia te destruya a ti.