Teresa se quedó inmóvil.
Ese silencio fue su primera confesión.
Me acerqué.
—¿Cómo sabe que fue hace seis años?
Empezó a llorar.
—Mariana, escucha. Lo de Daniela fue un accidente.
Sentí que el departamento se encogía alrededor de nosotras.
Teresa contó que Daniela había ido a exigir la devolución de su dinero y a terminar definitivamente con Diego. Discutieron. Hubo empujones. Daniela cayó en el baño y se golpeó con un borde de piedra.
—Cuando reaccionamos, ya no respiraba —dijo entre sollozos.
—¿Por qué no llamaron a una ambulancia?
—Nos asustamos.
—¿Por qué no llamaron a la policía?
Levantó la cara, bañada en lágrimas.
—Diego tenía treinta años. ¿Qué iba a ser de su vida si terminaba en la cárcel?
Me recorrió un escalofrío.
—¿Y la vida de Daniela? ¿Y sus padres, que durante seis años creyeron que su hija los había abandonado?
Teresa se cubrió el rostro.
—Yo solo pensaba en salvar a mi hijo.
—Por eso ocultaron lo ocurrido.
No respondió.
—Por eso repararon la coladera con alguien que no era del edificio.
Silencio.
—Y por eso querían sacar cosas de la casa del Ajusco.
Su llanto se volvió más fuerte.
Más tarde llevaron a Diego al departamento acompañado por agentes para recoger algunas pertenencias. Al vernos juntas, su cara cambió.
—Mamá, ¿qué le dijiste?
Teresa se levantó.
—Diego…
Él la cortó.
—¿Qué le dijiste?
Era la primera vez que lo veía gritarle a su madre.
Me miró.
—No le creas. Está confundida.
—Dice que Daniela murió aquí.
Diego quedó rígido.
Después respiró hondo.
—Fue un accidente.
—¿Y lo que hicieron después también fue un accidente?
—¡Yo tenía miedo! Tú no sabes lo que se siente. Si me entregaba, ¿qué iba a pasar con mi mamá? ¿Con mi vida? ¿Con nuestra familia?
—¿Cuál familia? —pregunté—. ¿La que ibas a formar con Daniela o la que construiste conmigo después de esconder lo que pasó?