Levanté la vista hacia Rodrigo.
Su expresión cambió por completo.
—Alejandra, dame eso.
—¿Por qué mi papá tiene que salir?
—No entiendes el contexto.
—Explícamelo.
Rodrigo miró hacia la puerta.
Marina acababa de entrar vestida de azul claro.
Traía en las manos una caja blanca con nuestros nombres impresos.
Mi nombre estaba tachado con tinta negra.
Debajo habían escrito otro.
**Marina Salcedo.**
Mi papá también lo vio.
Y por primera vez en toda la mañana dejó de sonreír.
Entonces don Octavio apareció detrás de ella y preguntó:
—¿Todavía no se lo dijiste?
Rodrigo cerró los ojos.
Yo tomé la carpeta de mi papá y la apreté contra el pecho.
—No sé qué tenían planeado para esta boda —dije—, pero antes de que alguien suba a ese escenario, mi papá va a leer cada palabra que escribió.
Marina dio un paso hacia mí.
—Alejandra, si tu papá lee ese discurso completo, Rodrigo va a tener que explicar por qué cambió todo desde hace tres semanas.
Parte 2:
Marina dejó la caja sobre una mesa y fue don Octavio quien habló primero. Tres semanas antes, Rodrigo había recibido una llamada del hospital donde había nacido. Una mujer llamada **Clara Salcedo**, hermana fallecida de Octavio, había dejado años atrás una carpeta sellada con instrucciones para entregársela si alguna vez solicitaba ciertos documentos familiares. Clara había cuidado a Rodrigo durante gran parte de su adolescencia, cuando su propia madre trabajaba fuera de Guadalajara. —¿Y eso qué tiene que ver con mi boda? pregunté. Rodrigo respondió: —Todo empezó cuando pedí mi acta actualizada para el matrimonio.
La carpeta no revelaba que Octavio fuera su verdadero padre ni que Marina y Rodrigo fueran hermanos. Era algo más incómodo. Cuando Rodrigo tenía dieciséis años, su madre atravesó una crisis económica y estuvo a punto de perder la casa. Clara y Octavio pagaron durante meses gastos escolares, médicos y parte de una deuda familiar. Rodrigo siempre supo que lo habían ayudado, pero creyó que había sido un préstamo que su madre devolvió. Los documentos mostraban que nunca ocurrió así. Clara había cubierto una cantidad importante y dejó escrito que no quería cobrarla mientras Rodrigo estuviera estudiando.