¡DURANTE DIECISIETE NOCHES, UN PERRO CALLEJERO DEJÓ LA MISMA LONCHERA INFANTIL FRENTE A UNA CASETA DE PEAJE… HASTA QUE UNA COBRADORA DECIDIÓ ABRIRLA!

Parte 3:
El punto donde había comenzado la excursión no era el colegio, sino un antiguo centro recreativo en las faldas de la sierra donde los alumnos habían desayunado antes de continuar hacia el bosque. Se encontraba cerrado desde hacía meses por remodelación. La policía llegó antes del amanecer acompañada por Héctor, mientras Bruno viajaba con nosotros. Al bajar, el perro no dudó. Rodeó el edificio principal y corrió hacia unas antiguas cabañas de mantenimiento. Una estaba vacía. Otra contenía cajas. Frente a la tercera comenzó a arañar la madera hasta hacerse daño en las patas.
Esta vez nadie tardó diecisiete noches en comprenderlo.
Los agentes abrieron.
Gael estaba dentro.
Se encontraba débil y aterrorizado, pero consciente. Cuando vio a Bruno no corrió hacia los policías ni hacia su tío. Se arrodilló y abrazó al perro durante tanto tiempo que ninguno de nosotros quiso separarlos. Después levantó la cabeza y preguntó algo que cambió nuevamente la investigación:
—¿Encontraron también a Mateo?
No sabíamos quién era Mateo.

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