Parte 2:
El nombre registrado era Héctor Santillán, tío de Gael y hermano menor de su padre. Durante las primeras semanas de la desaparición había aparecido en entrevistas, organizado brigadas y recorrido el bosque junto con voluntarios. Yo misma recordaba haberlo visto en televisión pidiendo que no dejaran de buscar a su sobrino. Sin embargo, el registro de la caseta demostraba que su camioneta había cruzado por aquella autopista decenas de veces durante los seis meses siguientes, casi siempre entre las cuatro y las cinco de la mañana. La policía emitió una alerta inmediata. Mientras varias patrullas intentaban localizarlo, los investigadores regresaron al túnel y comenzaron a revisar cada rincón. Encontraron ropa infantil, medicamentos, baterías, herramientas y un calendario donde alguien había marcado determinados días con círculos rojos. Lo inquietante era que el último círculo correspondía precisamente a esa madrugada. Bruno permanecía junto a una manta, olfateándola y mirando hacia la salida. Parecía saber que Gael ya no estaba allí.
La camioneta apareció abandonada cuarenta kilómetros más adelante. El remolque estaba vacío, pero dentro encontraron una cobija todavía tibia y una botella de agua abierta. Héctor había cambiado de vehículo. Las cámaras de una gasolinera mostraron que un automóvil oscuro se había detenido junto a él y que dos personas trasladaron algo desde el remolque. La imagen era demasiado distante para distinguir rostros, pero uno de los agentes reparó en un detalle: Héctor no parecía obligar a Gael a caminar. El niño bajó por sí mismo y durante unos segundos incluso tomó su mano. Aquello no demostraba confianza, pero indicaba que Gael conocía perfectamente a su tío. Cuando interrogamos a sus padres apareció la primera grieta importante. Su madre, Lucía, reconoció que Bruno había pertenecido originalmente a Héctor. Se lo regaló a Gael cuando cumplió siete años. Por eso el perro conocía las carreteras de servicio y sabía regresar desde el túnel hasta la caseta.
¡DURANTE DIECISIETE NOCHES, UN PERRO CALLEJERO DEJÓ LA MISMA LONCHERA INFANTIL FRENTE A UNA CASETA DE PEAJE… HASTA QUE UNA COBRADORA DECIDIÓ ABRIRLA!