¡DURANTE DIECISIETE NOCHES, UN PERRO CALLEJERO DEJÓ LA MISMA LONCHERA INFANTIL FRENTE A UNA CASETA DE PEAJE… HASTA QUE UNA COBRADORA DECIDIÓ ABRIRLA!

—Completamente.
Corrimos de regreso a la caseta y revisamos las cámaras.
La camioneta había cruzado apenas cuarenta minutos antes.
Pero esa madrugada llevaba algo diferente enganchado detrás.
Un pequeño remolque cerrado.
Ampliamos la grabación.
En una de las ventanillas traseras apareció una mano infantil durante menos de dos segundos.
Y alrededor de la muñeca llevaba una pulsera idéntica a la que acabábamos de encontrar.
Entonces el supervisor revisó el registro electrónico del vehículo y palideció.
—Marisol… esta camioneta no pertenece a ningún desconocido.
Giró la pantalla hacia nosotros.
Cuando leí el nombre del propietario, entendí por qué durante seis meses nadie había buscado a Gael en aquel túnel.
Porque el hombre que conducía esa camioneta había participado personalmente en la búsqueda del niño desde el primer día.

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