Parte 2:
Esperé a que mi madre saliera del camerino y cerré la carpeta. No quería que supiera que había alcanzado a leerla. “Transferencia definitiva de tutela y patrimonio” sonaba aterrador, pero incluso en ese momento entendí que una portada no demostraba nada. Necesitaba saber qué pretendían que firmara. Guardé la grabación del reloj y llamé desde el baño al doctor que llevaba mi rehabilitación. Le pedí una sola cosa: que no confirmara a nadie que yo había recuperado visión útil hasta que yo misma lo autorizara.
Esa noche fingí cansancio y regresé con mis padres. Rodrigo insistió en quedarse conmigo, pero dije que quería dormir. Apenas se fue, esperé hasta escuchar a mis padres entrar en su habitación. Bajé al estudio y encontré copias de la misma carpeta. Lo que llamaban “tutela” no era una tutela judicial ya concedida. Era un paquete preparado para reorganizar quién administraría mis asuntos si yo firmaba varias autorizaciones después de casarme.
Tras el accidente había otorgado a mi padre, **Héctor**, un poder limitado para manejar algunos trámites porque yo todavía estaba hospitalizada. Mi familia administraba dos departamentos que heredé de mi abuela y una participación pequeña en un negocio familiar. Durante tres años confié en que todo seguía igual. El nuevo documento proponía sustituir varias facultades y colocar a Rodrigo como persona encargada de ciertos cobros, contratos y decisiones administrativas. En una hoja alguien había escrito: “Después de boda: más fácil explicar como reorganización familiar”.
A la mañana siguiente llamé a **Irene**, una abogada que había sido compañera mía en la universidad. Le envié fotografías de cada página. Me advirtió que no firmara nada, pero también me frenó cuando dije que querían “quitarme todo”. —Daniela, estos papeles por sí solos no transfieren automáticamente tus propiedades. Y si recuperaste capacidad visual, eso tampoco cambia tu capacidad legal, porque ser ciega nunca te hizo incapaz. Lo preocupante es por qué llevan meses preparando autorizaciones que tú no solicitaste.
Después revisamos los movimientos de los departamentos. No encontré una fortuna desaparecida. Sí aparecieron gastos que nunca me habían explicado: reparaciones, honorarios y pagos a una empresa llamada **RS Servicios**. Las iniciales me hicieron pensar en Rodrigo y Sofía, pero Irene buscó el registro. La empresa pertenecía al hermano de Rodrigo.
TRES DÍAS ANTES DE MI BODA VOLVÍ A VER DESPUÉS DE AÑOS DE OSCURIDAD