Esa noche, los dos se encontraron en la terraza de la casa.
El cielo estaba nublado.
Ninguno hablaba.
Sofía finalmente rompió el silencio:
—¿Y si nos vamos? ¿Lejos de todos?
Eduardo la miró.
Por primera vez en meses, sonrió con tristeza.
—¿Y dejar todo atrás? ¿Tu familia, mi familia, este país, el mío?
Sofía bajó la mirada.
—O quedarnos… y destruirnos.
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier grito.
Al día siguiente, Sofía no apareció a trabajar.
Eduardo no contestó ninguna llamada.
Y lo que ocurrió después…
fue algo que ninguna de las dos familias esperaba.