“Me Divorcié de Mi Esposa… Tres Meses Después la Encontré Sola y Moribunda en un Hospital”

Solo asentí.
Ella no gritó.
No lloró.
Y de alguna manera, eso dolió todavía más.
Simplemente bajó la mirada y comenzó a guardar sus cosas esa misma noche.
El divorcio avanzó rápido.
Demasiado rápido.
Como si ambos nos hubiéramos estado preparando para ello mucho antes de firmar los papeles.
Después de eso, me mudé a un pequeño departamento alquilado y me obligué a seguir una rutina vacía.
Trabajo durante el día.
Algunas salidas ocasionales con compañeros de oficina.
Películas por la noche.
Y silencio el resto del tiempo.
Ya no había una cena caliente esperándome en casa.
Ni pasos conocidos por la mañana.
Ni una voz suave preguntándome:
“¿Ya comiste?”
Aun así, me repetía que había tomado la decisión correcta.
Al menos, esa era la mentira que seguía diciéndome.
Pasaron tres meses así.
Vivía como un fantasma.
Algunas noches despertaba sudando después de soñar que Camila pronunciaba mi nombre.
Y entonces llegó el día que cambió todo.
Fui a la Clínica San Gabriel para visitar a mi mejor amigo, Diego, después de una cirugía.