Remedios caseros para blanquear dientes amarillos sin gastar una fortuna

La primera señal que mucha gente nota no es un blanco de revista. Es otra cosa: la boca se siente menos pesada, la saliva ya no sabe a rancio, y esa película que te hacía evitar la sonrisa empieza a aflojarse.
Y claro, por eso casi nadie lo grita en horario estelar de Televisa. No hay imperio montado alrededor de una cucharadita de bicarbonato que cuesta unos cuantos pesos y se consigue en cualquier tienda del barrio.
Pero no todos los remedios jalan igual, y ahí es donde se separa el cuento bonito de lo que de verdad mueve la aguja.

