Nadie habló.
Mauricio palideció.
Su mamá volteó hacia él.
—¿Qué terreno?
Mi mamá deslizó la hoja hasta el centro de la mesa.
Y entonces vi algo que yo misma no conocía.
Debajo del proyecto aparecía el nombre de otra persona como futura copropietaria.
No era Mauricio.
Era **doña Patricia**.
**¿Qué pasó después… ? Parte 2:…..**
Parte 2:
Doña Patricia tomó la hoja antes que Mauricio. La leyó dos veces y después lo miró como si hubiera olvidado que había otras personas en la mesa. —Yo nunca he visto esto. Mauricio intentó quitarle importancia. Dijo que era una presentación preliminar, una posibilidad que había preparado con un conocido para calcular cuánto podría producir el terreno si algún día yo quería desarrollarlo. Mi mamá señaló el renglón donde Patricia aparecía como futura copropietaria. —Entonces supongo que también fue una posibilidad poner a su madre como dueña de algo que pertenece a mi hija.
Mauricio pidió que habláramos en privado. Me negué. Si su familia había considerado apropiado discutir públicamente cómo proteger sus bienes de mí, también podía escuchar cómo había terminado mi propiedad dentro de un proyecto que yo desconocía. Patricia volvió a insistir en que jamás autorizó el uso de su nombre. Y por primera vez noté algo importante: no parecía estar actuando. Estaba realmente sorprendida. Mi mamá también lo percibió. Cerró la carpeta y dijo: —Entonces quizá aquí hay más de una persona a la que Mauricio no le contó todo.
El proyecto se llamaba **Loma del Encino**. La propuesta contemplaba una pequeña plaza con locales, estacionamiento y un espacio para una sucursal de la empresa familiar de Mauricio. Mi terreno aparecía como aportación inicial. No decía que ya hubiera sido transferido ni que existiera una compraventa firmada por mí. El problema era que Mauricio había utilizado ubicación, medidas, fotografías y una valuación aproximada para presentarlo como un activo que estaría disponible después de nuestro matrimonio. El inversionista había pedido precisamente comprobar la propiedad antes de avanzar.
—¿Cómo conseguiste esos datos? pregunté. Mauricio conocía la ubicación porque una vez habíamos pasado por ahí. Las medidas las obtuvo de una copia vieja de un recibo predial que encontró entre mis documentos cuando nos mudamos. La valuación era estimada. —Nunca falsifiqué tu firma —dijo. —Todavía no te he preguntado eso. Se quedó callado.
Entonces llegó la explicación sobre Patricia. Mauricio había planeado crear una sociedad para desarrollar la plaza. Su madre entraría como socia porque la empresa familiar aportaría administración, contactos y parte de la construcción. Según él, Patricia no sabía qué terreno utilizarían. —Me dijiste que tú ibas a conseguirlo —respondió ella. —Iba a conseguirlo. —No, Mauricio. Ya lo tenías puesto aquí como si fuera tuyo.