También es importante controlar periódicamente la presión arterial, ya que puede estar elevada durante mucho tiempo sin provocar síntomas claros.
2. Dormir poco y vivir bajo estrés constante
Dormir cinco o seis horas ocasionalmente no significa que una persona vaya a sufrir un ictus. El problema aparece cuando el descanso insuficiente se convierte en una situación habitual durante meses o años.
El sueño participa en numerosos procesos relacionados con la regulación hormonal, el metabolismo y el sistema cardiovascular.
Cuando el descanso es insuficiente o de mala calidad de forma crónica, puede asociarse con problemas como presión arterial elevada, alteraciones metabólicas y mayor estrés fisiológico.
El estrés prolongado también puede influir indirectamente en la salud. Algunas personas comen peor, consumen más alcohol, fuman, duermen menos o abandonan sus controles médicos durante períodos de mucha tensión.
Para favorecer un descanso adecuado puede resultar útil mantener horarios relativamente regulares, reducir la cafeína al final del día y limitar el uso de pantallas justo antes de acostarse.
Si existen ronquidos muy intensos, pausas respiratorias durante el sueño o somnolencia excesiva durante el día, conviene comentarlo con un profesional sanitario, ya que podrían ser señales de un trastorno del sueño.
3. Confiar únicamente en sentirse bien y posponer los controles médicos
Este es probablemente uno de los puntos más fáciles de olvidar.
Una persona puede caminar varios kilómetros, no tener sobrepeso y sentirse perfectamente bien mientras presenta hipertensión, colesterol elevado o alteraciones de la glucosa.
Estas condiciones no siempre producen síntomas evidentes.
Por este motivo, especialmente a partir de la mediana edad, los controles preventivos adquieren una importancia especial.
Dependiendo de la edad, los antecedentes y las indicaciones del profesional sanitario, puede ser recomendable revisar periódicamente:
presión arterial;
colesterol y otros lípidos;
glucosa en sangre;
peso y circunferencia abdominal;
antecedentes cardiovasculares familiares;
salud cardíaca cuando existan síntomas o factores de riesgo.
Detectar una alteración de forma temprana permite valorar cambios en el estilo de vida y, cuando sea necesario, tratamiento médico.
¿Y la hidratación?
Mantener una hidratación adecuada forma parte de un estilo de vida saludable, especialmente durante el ejercicio, en ambientes calurosos o en personas mayores.
Sin embargo, no existe una cantidad universal de agua adecuada para todo el mundo. Las necesidades dependen del clima, la alimentación, la actividad física y el estado de salud.
Las personas con determinadas enfermedades cardíacas o renales pueden incluso necesitar indicaciones específicas sobre el consumo de líquidos.
Por ello, la hidratación debe entenderse como parte del cuidado general y no como una fórmula para prevenir por sí sola un ictus.
Alimentos que pueden formar parte de una dieta favorable para el corazón
No existe un alimento capaz de “limpiar las arterias” o garantizar la prevención de un accidente cerebrovascular.