Mañana no es solo mañana

Mañana no es solo mañana

Hace un rato pidió papel y un marcador. Nada más. Escribió una frase sencilla, como si las palabras fueran escalones para cruzar un lugar difícil. Cuando terminó, levantó la mirada y preguntó con total naturalidad: “¿Me das un corazón?”

Un corazón. No hay una explicación perfecta. No hay promesa imposible. Solo una señal. Un pequeño gesto que diga: “Te veo. Estoy contigo, aunque sea desde lejos”.

Mañana la llevarán por un pasillo y habrá puertas que se cerrarán. Nosotros nos quedaremos esperando, aprendiendo a respirar en espacios ajenos, contando minutos como si fueran piedras en la mano. Y en ese tiempo, uno entiende algo: el amor no siempre se muestra con ruido. A veces se muestra con lo mínimo.

Un corazón no entra a quirófano. Pero sí acompaña. Sí sostiene. Sí recuerda que, incluso en días que dan miedo, nadie debería sentir que lucha solo.

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