Un camionero frenó bruscamente al ver a un perro arrastrando una caja.

—Tal vez —dijo Lupita—. Pero tal vez alguien esté buscando a Sofía Herrera.
Canela volvió a gruñir al oír ese nombre, esta vez con más suavidad, como si le doliera en lugar de enfadarle.
Miguel se agachó cerca del perro, manteniendo las manos a la vista.
—¿Qué era ella para ti, muchacha? —preguntó.
Canela no se movió.
Pero uno de los cachorros empujó a ciegas hacia su vientre, y ella se inclinó para limpiarlo con desesperada ternura.
Lupita llamó al hospital con el número de la pulsera; al principio su voz era educada, pero luego se volvió más firme al repetir la información.
Miguel solo podía oír fragmentos.
Pulsera encontrada.
Carretera Federal 45.
Cachorros recién nacidos.
Nombre: Sofía Herrera.
No, no es una broma.
No, no estamos pidiendo dinero.
Entonces Lupita guardó silencio.
Su rostro cambió lentamente, como si alguien al otro lado del teléfono hubiera abierto una puerta que ella no quería ver.
—¿Cuándo? —preguntó ella.
Miguel se puso de pie.
Lupita escuchaba, con la mirada fija en el azulejo.
—Gracias —dijo finalmente, pero sus palabras sonaron vacías.
Terminó la llamada y dejó el teléfono junto a la pulsera.
“Dijeron que Sofía Herrera salió del hospital ayer por la mañana”, dijo Lupita.
Miguel esperó a los demás.
“Con una hija recién nacida.”
La habitación se hizo más pequeña.
Los cachorros gimoteaban bajo el cuerpo de Canela, y el frigorífico hacía un fuerte clic en la cocina.
—¿Qué tiene eso que ver con Canela? —preguntó Miguel, aunque la pregunta le pareció demasiado simple.
Lupita negó con la cabeza.
“No me dieron más detalles. Pero la enfermera preguntó dónde habíamos encontrado la pulsera exactamente.”
“¿Y?”
“Nos preguntó si había un perro con nosotros.”
Miguel miró a Canela.
El perro ahora miraba fijamente la puerta.
No en Miguel.
No en Lupita.
En la puerta.
Como si hubiera oído pasos que nadie más podía oír.
Lupita volvió a coger el teléfono, pero le tembló la mano antes de poder desbloquearlo.
“Deberíamos llamar a la policía”, dijo.
Miguel pensó inmediatamente en su camión.