13 años después de nuestro divorcio, me encontré con mi exesposo y el hijo de su amante en un concurso de inteligencia. Él gritó: “¡¿Cómo te atreves a venir aquí?!” Pero cuando mis gemelos subieron a recibir las medallas de oro, sus rostros se pusieron morados al instante…

Daniel ladeó la cabeza.
“¿Limitados? Acabamos de vencer a todos en el concurso que usted compró para Patricio.”
Antes de que Santiago pudiera responder, se escucharon tacones furiosos en el pasillo.
Valeria apareció con Patricio detrás. Su maquillaje estaba intacto, pero la cara se le había deformado por la rabia.
“¡Aquí están!”, gritó. “Los tramposos y la exmujer resentida.”
Elena no parpadeó.
“Cuida tus palabras, Valeria.”
“¿Tú me vas a dar órdenes? Tú no eres nadie. Una abandonada que apareció con dos niños para colgarse del apellido Montero.”
Daniel sacó una tableta de la mochila.
“Qué curioso que hable de apellidos. Hace 11 minutos, cuando resolvimos el último reto, se activó el archivo público del sistema.”
Valeria frunció el ceño.
“¿De qué habla este mocoso?”
Mateo miró a Santiago.
“El reto final no era solo un problema matemático. Era una llave de verificación. El código estaba basado en un algoritmo de biometría predictiva registrado por Elena Ríos antes de que usted se casara con Valeria.”
Santiago se quedó sin aire.
Elena dio un paso hacia él.
“Creíste que nunca podría demostrar que robaste mi investigación. Creíste que una mujer con dos bebés prematuros no tendría fuerzas para pelear.”
Valeria volteó hacia Santiago.
“¿Qué significa eso?”
Daniel tocó la pantalla.
“Significa que el concurso se transmitió en vivo. Y que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, dos notarios y la prensa acaban de recibir el expediente completo.”
El teléfono de Santiago comenzó a vibrar sin parar.
Luego el de Valeria.
Después el de Patricio.
Y cuando la pantalla del pasillo mostró la primera alerta de noticias, Valeria leyó el titular y se quedó blanca.