Lo que el niño le susurró al oído a su abuelo lo asustó muchísimo…

— «¿Otro hombre?»
El niño asintió.
— «Sí… y cuando lo vi, sentí que estaba enfadado.»
El abuelo se acercó a la ventana y miró hacia afuera.
No había nadie.
Pero cuando regresó al baúl, notó algo que no había visto antes.
Había otra carta escondida debajo de la fotografía.
La abrió con las manos temblorosas.
Solo había una frase escrita:
«No estoy muerto… pero si esta carta ha llegado hasta ti, significa que han descubierto dónde estás.»
El abuelo levantó lentamente la cabeza.
De repente, escuchó que alguien llamaba a la puerta de la casa.
Tres golpes consecutivos.
Miró a su nieto.
Luego miró hacia la puerta.
Nadie en la casa sabía que estaban leyendo aquellas cartas.
El abuelo se acercó a la puerta con cuidado.
Antes de abrirla, escuchó la voz de un hombre desde el otro lado:
— «Has tardado demasiado.»
El abuelo retrocedió un paso.
Aquella voz le resultaba aterradoramente familiar.
Abrió lentamente la puerta…
Y frente a él había un hombre anciano.
El abuelo miró su rostro durante unos segundos y dejó caer la carta de sus manos.
Lo reconoció inmediatamente.
Era Sami.
El hombre que todos creían muerto desde hacía más de treinta años.
Pero Sami no había venido para explicar lo que había sucedido.
Miró al abuelo y dijo:
— «No he venido por ti… he venido por el niño.»
En ese momento, el abuelo comprendió que su nieto no era simplemente un testigo del regreso del pasado…
Formaba parte del secreto desde el principio.
Y la verdad que Sami había estado ocultando durante todos aquellos años era mucho más peligrosa de lo que el abuelo jamás había imaginado.