¡SUELTEN A MI NANA! La hija del millonario irrumpió en pleno juicio y destapó el asqueroso secreto de su madrastra. kara

PARTE 4 — La carta de Arturo”}
El investigador abrió el sobre con cuidado.
La letra era inconfundible.
Era de Arturo Cifuentes.
La carta comenzaba con una frase que dejó a todos sin palabras:
“Si alguien está leyendo esto, significa que Valeria finalmente hizo lo que llevaba meses amenazando con hacer.”
El investigador continuó leyendo.
Arturo explicaba que había descubierto que su esposa llevaba meses desviando dinero de sus empresas hacia cuentas en el extranjero.
Pero eso no era lo peor.
Había descubierto que Valeria también había falsificado documentos para quedarse con una parte de su patrimonio y que estaba intentando obtener la custodia total de Sofía.
Arturo había comenzado a reunir pruebas en secreto.
Por eso quería divorciarse.
Por eso aquella noche se había negado a firmar los documentos.
Y por eso Valeria había decidido eliminarlo.
Pero la carta contenía una última revelación.
“Lupita es inocente. Si algo me sucede, protejan a mi hija y a esa mujer. Ella fue la única persona que cuidó de Sofía como si fuera su propia hija.”
Lupita no pudo contener las lágrimas cuando escuchó aquellas palabras.
—Él lo sabía… —susurró—. Sabía que yo no había hecho nada.
El investigador asintió.
—Y ahora tenemos que demostrarlo ante un tribunal.
Los resultados de laboratorio llegaron dos días después.
Las huellas encontradas en el vaso de tequila no demostraban que Lupita hubiera envenenado a Arturo.
Había tocado el vaso horas antes, cuando le llevó la bebida al despacho.
Pero en el interior del vaso encontraron restos de una sustancia que coincidía con uno de los medicamentos encontrados en la caja fuerte de Valeria.
Además, los registros de seguridad demostraron que un hombre había entrado en la mansión aquella noche.
El mismo hombre que aparecía en el video.
La policía logró identificarlo.
Era Esteban Rojas, antiguo socio de Valeria.
Cuando fue detenido, confesó.
Contó que Valeria le había pagado para entrar a la mansión y ayudarla a fabricar la escena del crimen.
Pero también reveló algo todavía más terrible.
—Arturo no murió aquella noche —dijo Esteban durante el interrogatorio.
Los investigadores se miraron.
—¿Qué quiere decir?
Esteban bajó la cabeza.
—El veneno no fue suficiente para matarlo. Cuando cayó al suelo, todavía estaba vivo.
—¿Entonces cómo murió?
Esteban tardó unos segundos en responder.
—Valeria lo asfixió.
El silencio fue absoluto.
—Y después me ordenó que colocara las huellas de Lupita en el vaso.
La confesión fue enviada inmediatamente a la fiscalía.
La acusación contra Lupita se derrumbó por completo.
Nueve meses después de haber sido encarcelada por un crimen que no cometió, finalmente llegó el momento de hacer justicia.
Pero cuando Valeria fue llevada nuevamente ante el juez, pidió hablar.
—Tengo una última cosa que decir.
El juez aceptó.
Valeria miró directamente a Sofía.
—Tu padre no era el hombre que tú creías.
Sofía frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Valeria sonrió.
—Que Arturo tenía otro secreto.
Sacó una fotografía de su bolsillo.
La colocó sobre la mesa.
Sofía la miró.
Y al reconocer a la persona que aparecía junto a su padre, sintió que el mundo entero se detenía.
—No… —susurró.
Porque aquella persona era alguien que ella conocía perfectamente.
Alguien que llevaba años formando parte de su vida.
Alguien que nunca imaginó que pudiera estar relacionado con la muerte de su padre.