MI EXESPOSA APARECIÓ EN UNA CLÍNICA DE TOLUCA PIDIENDO

La recepcionista frunció el ceño y volteó la hoja.
—Entonces alguien tendrá que explicarme por qué también anexaron una copia de su identificación.
Renata susurró:
—Sebastián, vete.
Pero ya no podía.
Porque la mujer acababa de marcar un número escrito al margen del expediente y puso el teléfono sobre la mesa.
Al tercer tono, alguien contestó.
Y reconocí la voz antes de que dijera mi nombre.
**¿Qué pasó después… ? Parte 2:…..**

 

 

Parte 2
La voz que salió del teléfono era la de mi hermana, Marcela. —¿Bueno? ¿Quién habla? Sentí que algo se me endurecía por dentro. Renata quiso detener la llamada, pero la recepcionista retiró el teléfono. —¿Marcela Navarro? Hablo de la clínica. Estamos revisando el expediente de Sofía y necesitamos confirmar una autorización presentada hace cuatro años. Del otro lado hubo silencio. Después mi hermana preguntó: —¿Renata está ahí? Ni siquiera preguntó por qué llamaban. —También está el señor Sebastián Navarro. Marcela colgó. La miré a Renata. —¿Mi hermana sabía de Sofi? —Sebastián, aquí no. —¿Desde cuándo? Sofía volvió a toser y Renata se agachó para ayudarla con el inhalador. Yo tuve que contenerme. Aquella niña no tenía culpa de nada.
La recepcionista nos llevó a una oficina. No podía entregarme el expediente completo, pero sí permitió que viera el documento donde aparecía mi supuesta firma. Al mirarlo sentí algo peor que rabia. Alguien había aprendido a copiarla. —¿Quién presentó esto? La mujer revisó el registro. —Una señora que se identificó como familiar directa del padre. —¿Nombre? —Marcela Navarro. Renata cerró los ojos. —Tú lo sabías —dije. —Lo descubrí después. —¿Después de qué? Renata pidió que una enfermera acompañara unos minutos a Sofía y, cuando quedamos solos, sacó una carpeta gastada de su mochila.
Esteban Alcocer nunca había sido su amante. Las fotografías que Marcela me mostró cinco años atrás habían sido tomadas durante reuniones laborales. Las transferencias eran pagos por un trabajo temporal que mi propia hermana había ayudado a conseguirle. Incluso la famosa reservación de hotel correspondía a una capacitación donde habían participado varias personas. —¿Por qué Marcela haría eso? Renata respiró profundamente. —Porque yo estaba embarazada. Sentí que el pecho se me cerraba. —¿De mí? Sacó estudios, ultrasonidos y una prueba fechada dos semanas antes de nuestra separación. —Pensaba decírtelo ese fin de semana. Miré hacia la puerta por donde había salido Sofía. —Entonces ella… —Sí, Sebastián. Sofía es tu hija.
Renata intentó buscarme después de que la eché. Sus llamadas dejaron de entrar, sus correos regresaban y cuando fue a mi oficina encontró primero a Marcela. Mi hermana le aseguró que yo ya conocía el embarazo y que no quería reconocer a la niña. Después le mostró aquella autorización con mi firma y una copia de mi identificación. —¿Y lo creíste? Renata me sostuvo la mirada. —Cuatro días antes me habías echado de nuestra casa sin dejarme terminar una sola frase. No tuve qué responder.

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