MI MAMÁ DE 65 AÑOS NOS DIJO QUE CUIDABA LA CASA DE UNA AMIGA

—Mide tus palabras.
Aquello estuvo a segundos de terminar a golpes.
Entonces mamá se atravesó.
—¡Ya basta!
La voz le salió tan fuerte que todos callamos.
—Ustedes no son mis esposos. Son mis hijos.
Fabián señaló a Saúl.
—¡Estamos tratando de protegerte!
—No. Están tratando de controlarme.
—¡Nos mentiste seis meses!
Mamá soltó una risa amarga.
—¿Y quieren saber por qué?
Señaló la puerta.
—Mírense. Llegaron a la casa de un hombre adulto, golpearon su puerta, lo acusaron de querer robarme y casi se agarran a golpes con él. Exactamente por esto inventé a Ofelia.
Nos fuimos sin solucionar nada.
Mamá decidió quedarse con Saúl y esta mañana me llamó únicamente a mí.
—Estoy bien, Renata. No les digas dónde estoy cuando salga.
—Mamá, ellos van a investigar a Saúl.
Hubo unos segundos de silencio.
—Ya lo sé.
Entonces dijo algo que me desconcertó.
—Pero antes de que tus hermanos averigüen cosas por su cuenta, necesito enseñarte algo.
—¿Qué cosa?
—Ven mañana sola. Hay una razón por la que conocí a Saúl que todavía ninguno de ustedes sabe.
—¿Tiene algún problema?
—No es eso.
Bajó la voz.
—Tiene que ver con tu papá.
Me quedé completamente quieta.
Mi padre llevaba cuatro años muerto.
Antes de que pudiera preguntarle nada más, mamá agregó:
—Y cuando tus hermanos se enteren, van a entender que la diferencia de edad es lo menos complicado de toda esta historia.
Después colgó.
**¿Qué pasó después…? Parte 2:…..**

 

 

Parte 2
Al día siguiente fui sola a casa de Saúl. Mi mamá abrió antes de que tocara por segunda vez. No parecía avergonzada ni asustada. Parecía cansada. Saúl nos dejó hablar y salió al patio. Teresa puso sobre la mesa una carpeta vieja que reconocí inmediatamente: había pertenecido a mi papá. —Conocí a Saúl buscando a una persona que aparece aquí —dijo. Dentro había documentos de una pequeña imprenta que mi padre tuvo muchos años atrás y varios depósitos a nombre de una mujer: Elena Cárdenas. —¿Quién era? Mamá respiró hondo. —Una mujer con la que tu padre tuvo una relación. Sentí que se me cerraba el estómago. —¿Tú lo sabías? —Desde antes de que muriera.
Mi primer impulso fue defender a mi padre. Llevaba cuatro años muerto y, sin darnos cuenta, lo habíamos convertido en una versión perfecta de sí mismo. Teresa explicó que descubrió aquella relación cuando él ya estaba enfermo. Papá aseguró que había terminado tiempo atrás y le pidió que no nos contara nada. Mamá decidió quedarse y cuidarlo. —No porque olvidara lo que hizo. Estaba enfermo y seguía siendo el padre de mis hijos. —¿Y Saúl? Teresa sacó una fotografía antigua de la imprenta. Entre los trabajadores aparecía un Saúl de poco más de veinte años. —Elena era su hermana.
Después de la muerte de papá, mamá encontró los depósitos y quiso saber si había quedado alguna deuda pendiente. Tardó años en reunir valor para buscar a Elena. Cuando finalmente lo hizo, descubrió que había muerto dos años antes y terminó contactando a Saúl. Su primera conversación no tuvo nada de romántico. Elena había prestado dinero a mi padre para salvar la imprenta durante una mala temporada y mamá quería saber si aquella deuda se había liquidado. Saúl tenía documentos que podían aclararlo. Empezaron hablando de cuentas; luego hablaron de Elena, de mi padre, de sus respectivos duelos y, meses después, comenzaron a verse por gusto.
—¿Por eso inventaste a Ofelia? —pregunté. Mamá negó. La mentira había empezado después de que Mauricio vio accidentalmente una fotografía de Saúl en su teléfono. Teresa dijo que era un conocido. Esa misma noche mi hermano buscó su nombre, edad, trabajo y hasta su divorcio. Ni siquiera sabía que eran pareja y ya lo estaba investigando. —Ahí entendí lo que ocurriría si les decía la verdad. Quería descubrir primero qué significaba Saúl para mí sin tener tres hijos vigilando cada paso.
Le dije que podía entender su miedo, aunque no me gustaba que hubiera mentido. Antes de marcharme pregunté si pensaba contarles a mis hermanos lo relacionado con papá. —Sí. Pero quiero hacerlo yo. No tuvo oportunidad. Aquella misma noche Fabián llamó al grupo familiar. Había seguido investigando y encontró fotografías antiguas donde Saúl aparecía relacionado con la imprenta. También encontró el nombre de Elena.
Mamá nos reunió. Contó todo sin suavizarlo. Mauricio reaccionó peor de lo que esperaba. —¿Me estás diciendo que estás con el hermano de la amante de papá? —Estoy diciendo que Saúl es mi pareja. Lo que hicieron Elena y tu padre no es responsabilidad de él. —¡Esto está enfermizo! Teresa golpeó la mesa. —Enfermizo es que sigas investigando con quién duerme tu madre de sesenta y cinco años. Fabián permaneció más tranquilo. Revisaba los documentos hasta que señaló varias fechas. —Aquí hay algo raro. Si Elena prestó dinero para la imprenta y papá terminó de pagar el préstamo, ¿por qué siguió depositándole durante años?

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