Mi hermana gemela llegó llorando después de años sin hablarnos y me dijo: “Mi esposo siempre sabe dónde estoy”. En el hospital descubrimos que alguien había enviado mensajes desde nuestras cuentas para enfrentarnos. Entonces hicimos algo desesperado: ella escapó y yo fingí ser la mujer que él creía controlar. Cuando forzó mi puerta para llevársela, todavía no sabía a quién tenía delante.