PARTE 2
Mientras Teresa acomodaba los recipientes en el departamento de Sofía, Mariana encendió velas, puso música y extendió su mantel favorito. Doña Elvira le entregó el lomo en salsa de ciruela, los camarones al ajillo, una tabla de quesos, canapés de salmón, una ensalada fresca y la botella auténtica que habían mantenido escondida. La mesa para una sola persona parecía la de un restaurante elegante. En cambio, la cena que Teresa presumía ante las amigas de Sofía solo se veía bien en fotografías. La pierna estaba reseca porque Mariana había usado el corte más barato y la había horneado de más. El bacalao tenía demasiada sal. Los romeritos estaban aguados y la ensalada de manzana sabía a crema artificial. Nada era peligroso; simplemente era tan decepcionante como el trato que le habían dado. —Mariana nunca aprende —murmuró Teresa al probar la pierna—. Yo le expliqué todo. Diego apenas comió. Por primera vez, el silencio de su esposa le resultaba inquietante. Recordó cómo había quedado sola, frente a una cocina destruida, mientras ellos se llevaban incluso la botella que ella había comprado con su dinero. —Debimos traerla —dijo. —No empieces —respondió Teresa—. Ella eligió hacer su drama. Sofía destapó la supuesta botella cara frente a un hombre llamado Mauricio, a quien había invitado para impresionarlo. El líquido era una sidra económica que Mariana había colocado en una botella reutilizada. Sofía bebió un trago y casi lo escupió. —¡Esto es corriente! Mauricio miró la comida intacta en su plato, inventó una llamada urgente y se marchó antes de medianoche. Sofía culpó a Mariana de haberle arruinado la oportunidad de comenzar una relación. Teresa aseguró que su nuera lo había hecho por incompetencia, no por intención. Diego trató de llamarla. No contestó. A las once con cincuenta y ocho, Mariana se sirvió una copa. Frente al ventanal, los primeros fuegos artificiales iluminaban los edificios. Por primera vez en cuatro años no escuchaba críticas, órdenes ni la voz de Teresa explicándole cómo debía vivir. Tomó una fotografía: el lomo brillante, los camarones, las copas, las velas y ella al fondo, con un vestido rojo y una sonrisa que Diego ya no recordaba. A medianoche brindó. —Por la mujer que dejé de ser para complacerlos. Y por la que acaba de regresar. Después abrió el chat familiar. El último mensaje de Teresa decía: “Espero que al menos hayas dejado limpia la cocina”. Mariana adjuntó la fotografía y escribió: “Feliz Año Nuevo. Espero que disfruten la cena que escogieron. La mía está deliciosa. No se preocupen por mí: la pasta puede esperar”. El teléfono de Diego vibró primero. Miró la imagen y palideció. Teresa se la arrebató. Sofía soltó un grito al reconocer la botella verdadera sobre la mesa de Mariana. —¡Nos engañó! Diego amplió la foto. No vio una esposa vengativa. Vio a una mujer feliz precisamente porque él no estaba a su lado. En ese momento entró una llamada de Mariana. —¿Te gustó la cena? —preguntó ella con una calma que lo asustó. —Mariana… ¿qué hiciste? —Lo mismo que ustedes hicieron conmigo: les di exactamente el lugar que decidieron darme. Diego tomó su chamarra. —Voy para la casa. Teresa se plantó frente a la puerta. —Si sales ahora, eliges a esa mujer por encima de tu madre. Diego la miró, comprendiendo demasiado tarde que aquella no era una amenaza nueva, sino la frase que había gobernado todo su matrimonio. Abrió la puerta y se marchó sin saber que, cuando llegara, Mariana ya habría tomado una decisión imposible de deshacer…
ME ENCANTARÍA LEER SUS COMENTARIOS ANTES DE CONTINUAR CON LA PARTE 3.
SI QUIEREN LEER LA PARTE 3 DE ESTA HISTORIA, POR FAVOR DENLE “ME GUSTA” A LA PUBLICACIÓN O DEJEN UN COMENTARIO. 
¡GRACIAS POR SU APOYO!