Daniela se quedó frente a Patricia, rígida.
—Dile a Rosa lo que hablamos.
La niña miró al piso.
—No quiero.
—Díselo.
Daniela empezó a llorar en silencio.
—Señorita Patricia…
—Díselo o le quito a tu hermana su conejo para siempre.
Martina soltó un gemido.
Rosa dio un paso.
—Ya basta.
—¡Cállate!
El grito retumbó en la sala.
Daniela cerró los ojos y dijo con voz rota: