Entré con mi hijo de 6 años al restaurante de Serrano donde mi ex celebraba con su prometida. Nos miraron como si sobráramos y él dejó una tarjeta negra sobre la mesa y me dijo: “Di una cifra.” Le devolví la tarjeta y tomé a mi hijo para irnos, hasta que la puerta se abrió y mi hijo gritó “¡Abuelo!” con 11 cartas en la mano.

Al segundo paseo por El Retiro ya lo llamaba abuelo Rafael.
Aquella noche, humillada frente a desconocidos, Lucía decidió marcharse antes de que su hijo entendiera demasiado.
—Vamos, Mateo.
Pero las puertas del restaurante se abrieron.
El niño miró hacia la entrada y su cara se iluminó.
—¡Abuelo!
Salió corriendo.
Álvaro se quedó petrificado.
Clara palideció.
Rafael abrazó a Mateo, levantó la mirada hacia su hijo y dejó sobre la mesa un grueso paquete de cartas.
—Álvaro —dijo—, antes de volver a insultar a la madre de tu hijo, vas a leer lo que tu madre y tu prometida escondieron durante 7 años.
PARTE 2
Nadie habló.
Rafael pidió a su abogado, Sergio, que llevara a Mateo a por chocolate mientras colocaba las 11 cartas ante Álvaro.
—Lee.
La primera decía que Lucía estaba embarazada y no quería dinero. La segunda llevaba una ecografía. La cuarta contaba que un abogado